Columna Opinión: “El Festival en la Patagonia: una visión de Futuro, la necesidad y oportunidad para construir una política cultural”

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Jorge Risco Navarro

Concejal de Punta Arenas / Presidente Comisión de Cultura

Hay debates que no pueden seguir reduciéndose a la contingencia. Cada vez que hablamos del Festival en la Patagonia, la discusión suele concentrarse en la programación artística, en el presupuesto o en quién tendrá la transmisión del evento. Sin embargo, esas son decisiones de una edición; no son decisiones sobre el futuro del festival.

La pregunta de fondo es mucho más trascendente: ¿qué lugar queremos que ocupe el Festival en la Patagonia dentro del mapa cultural de Chile, Patagonia y Sudamérica en los próximos años?

Responder esa pregunta exige abandonar la lógica de la administración de turno y comenzar a pensar el festival como una política cultural de largo plazo.

Las ciudades que hoy son referentes culturales entendieron hace mucho tiempo que sus principales eventos no pueden depender únicamente de las prioridades de cada gobierno local. Construyeron instituciones, diseñaron estrategias permanentes y definieron objetivos que sobrevivieron a los cambios de autoridades. Gracias a esa continuidad lograron consolidar una identidad reconocible y una reputación internacional.

Ese debiera ser también nuestro desafío.

El Festival en la Patagonia posee un activo que pocos eventos pueden exhibir: una historia consolidada, una comunidad que lo siente propio y una identidad territorial profundamente ligada al extremo austral del continente. Sin embargo, ese patrimonio solo alcanzará su verdadero potencial si existe una visión compartida que trascienda los ciclos políticos y administrativos.

Por eso considero indispensable avanzar hacia una Política Cultural para el Festival en la Patagonia, respaldada institucionalmente y construida con la participación de quienes conocen el mundo artístico, académico, cultural y creativo de nuestra región.

Esa política no debe limitarse a organizar una nueva versión del festival cada invierno. Debe establecer una hoja de ruta para las próximas décadas, con propósitos claros y metas verificables que permitan medir su evolución.

En ese contexto, propongo la creación de un Consejo Artístico Permanente, un órgano consultivo integrado por músicos, compositores, gestores culturales, productores, del sector creativo y de la comunidad artística regional. Su misión no sería reemplazar la labor de quienes administran el festival, sino entregar continuidad, visión estratégica y resguardar una identidad artística coherente en el tiempo.

Este consejo podría trabajar durante todo el año en la definición de lineamientos, evaluar los resultados de cada edición y proponer mejoras permanentes, evitando que el proyecto deba comenzar prácticamente desde cero con cada cambio de administración.

Junto con ello, resulta imprescindible elaborar un Plan Estratégico de Desarrollo del Festival, con objetivos concretos y medibles para los próximos diez, veinte y treinta años.

Algunos de esos objetivos podrían ser:

• Consolidar la competencia de como una de las más relevantes del cono sur.

• Incrementar progresivamente la participación de compositores y artistas provenientes de distintos países de Sudamérica.

• Posicionar al Festival en la Patagonia dentro de los principales circuitos culturales de Chile y latino América.

• Establecer alianzas permanentes con festivales internacionales, universidades y organismos culturales.

• Crear programas de formación, residencias y mentorías para artistas emergentes de Magallanes.

• Medir el impacto cultural, turístico y económico del festival mediante indicadores públicos y transparentes.

Esta planificación permitiría evaluar el crecimiento del festival con criterios objetivos y no únicamente por la cantidad de asistentes o por el alcance de una transmisión.

Porque el verdadero prestigio de un festival no se construye solo con audiencias masivas. Se construye cuando los mejores compositores quieren presentar sus obras; cuando artistas internacionales consideran un honor participar; cuando la prensa especializada lo incorpora a su agenda anual; cuando investigadores, gestores y programadores culturales lo reconocen como un espacio imprescindible del calendario latinoamericano.

En esa misma lógica, la competencia merece recuperar el lugar central que históricamente tuvo este festival. No basta con recibir canciones desde distintos países; debemos aspirar a convocar a los compositores más relevantes de Chile, Argentina y Latinoamérica en general, transformando a Punta Arenas en un espacio donde la creación musical encuentre reconocimiento, intercambio y proyección.

Al mismo tiempo, potenciar a nuestros artistas regionales debe dejar de ser un gesto simbólico para convertirse en una política permanente. El festival debe ser la principal plataforma de internacionalización del talento magallánico, generando oportunidades de circulación, formación y vinculación con otros mercados culturales. El desarrollo del festival y el desarrollo de nuestros creadores deben avanzar de la mano.

Asimismo, debemos ampliar nuestra mirada respecto de la difusión. La internacionalización no comienza cuando se encienden las cámaras para transmitir el espectáculo. Comienza mucho antes, con una estrategia permanente de posicionamiento, relaciones institucionales, cooperación cultural y presencia en redes nacionales e internacionales.

El éxito del festival no puede medirse únicamente por cuántas personas lo ven desde sus hogares. También debe medirse por cuántas personas deciden viajar para vivirlo, por cuántos artistas desean formar parte de él y por cuánto contribuye al posicionamiento cultural de Punta Arenas y de toda la Patagonia.

Estoy convencido de que tenemos todas las condiciones para alcanzar ese objetivo. Nuestra historia, nuestra identidad y nuestro territorio nos entregan una ventaja que muy pocas ciudades poseen.

Lo que necesitamos ahora es una visión que trascienda los períodos administrativos y que permita transformar un gran festival en un verdadero proyecto cultural de región.

Porque los grandes eventos no se consolidan edición tras edición; se consolidan generación tras generación.

Si somos capaces de construir una política cultural seria, participativa y de largo plazo, con instituciones sólidas, objetivos medibles y liderazgo compartido, el Festival en la Patagonia puede dejar de ser solo uno de los eventos importantes de Chile para convertirse, con pleno mérito, en el gran encuentro artístico de la Patagonia, el más importante y en uno de los referentes culturales más relevantes del cono sur.

Ese es el desafío que vale la pena asumir. No pensando en el próximo festival, sino en el legado cultural que queremos dejar para quienes vendrán después de nosotros.